El conductor recorrió por dos tramos de la A-66 y la A-52 hasta que le dieron el alto y la mercancía fue trasladada a otro vehículo
170 años de historia de La Pajarita endulzando Madrid con bombones y caramelos de violeta
El establecimiento recibirá el premio al Mejor Comercio Centenario de Madrid
En pleno corazón de Madrid, La Pajarita sigue siendo un referente en la elaboración artesanal, con sus más de 170 años dedicados a ofrecer bombones, caramelos y chocolates, con los que ha conquistado los paladares de varias generaciones. En reconocimiento a su historia y legado, este próximo lunes La Pajarita recibirá el premio al Mejor Comercio Centenario de Madrid, con motivo de la VII Edición de los Premios de la Asociación de Empresarios del Comercio y la Distribución de Madrid (ADEFAM).
Fundada en 1852, la historia del negocio comenzó en un pequeño local en la Puerta del Sol con el tatarabuelo de la actual sexta generación, Rocío Aznare, quien dirige hoy el negocio junto a su marido Carlos Lemus. Sin embargo, los años hicieron mella en el negocio y la tienda de Sol tuvo que cerrar debido a que el edificio fue declarado en ruinas, y desde 1969, la empresa consolidó su presencia en el barrio de Salamanca con una boutique en Villanueva 14, el segundo de sus puntos de venta, teniendo en la actualidad seis espacios en la ciudad.
"Lo más importante para nosotros ha sido siempre la calidad, que es lo que ha mantenido la esencia de La Pajarita, independientemente de todos los cambios que hemos atravesado", asegura Carlos en una entrevista a EFE. Un claro ejemplo de la atención al detalle en La Pajarita es la forma en la que se envuelven los productos, ya que, en lugar de usar celo, un material que llegó mucho después de la apertura del negocio, se emplea un proceso tradicional de envoltura con cordel, que asegura que el papel se mantenga intacto al abrir la caja.
Detalles como este son los que han dado lugar a anécdotas que enriquecen la historia del negocio. Según relata Rocío, hace un par de semanas, una señora, que fue a la tienda, les regaló uno de los papeles que utilizaban a principios del siglo pasado, el cual había sido cuidadosamente conservado por su familia, casi como si fuera una valiosa pieza de colección.
A pesar de los años, las recetas continúan conservando su esencia, como es el caso de los caramelos de violeta, que evocan el Madrid más clásico y que siguen siendo uno de los productos más populares. "El caramelo de violeta tiene una mezcla especial, con siete tipos de violetas distintas, lo que lo convierte en algo único", explica Carlos, orgulloso del producto que sigue siendo una joya para los amantes de los dulces tradicionales.
Esta esencia tradicional ha sido escogida para su degustación desde hace décadas por el Congreso de los Diputados, el Senado y otras instituciones como el Consejo General del Poder Judicial, haciendo de este dulce una tradición muy arraigada en la cultura y la política de Madrid.
Un proceso de creación "slow food"
Una de las claves del éxito de La Pajarita radica en su proceso de fabricación, que se mantiene fiel a los métodos tradicionales, ya que la producción de caramelos, por ejemplo, sigue una receta artesanal que requiere "mucha paciencia y destreza", según detallan los dueños del negocio.
"Hacer una cocida de caramelos, de unos 10 o 12 kilos, nos lleva una hora. Hoy en día, en las fábricas industriales, pueden producir toneladas en ese tiempo", asegura Rocío, subrayando el valor de la fabricación lenta y cuidada, que garantiza la calidad del producto.
"Es un proceso costoso, tanto en tiempo como en esfuerzo, pero es lo que hace que nuestros caramelos sigan siendo auténticos, manteniendo la tradición viva", añade Carlos.
El premio como reconocimiento a la tradición
El Premio al Mejor Comercio Centenario de Madrid es, para Rocío, "un reconocimiento a toda una trayectoria familiar", ya que "cada uno de los que han formado parte de La Pajarita ha dejado una huella que sigue viva hoy en día".
Para Carlos, este galardón también es un tributo a "las generaciones anteriores que mantuvieron la calidad y la tradición, y que dejaron un legado para seguir adelante y modernizar el negocio respetando su esencia". Y, es que, en La Pajarita, los cambios han sido siempre graduales y respetuosos con la historia, como la propia evolución de los empaques y la tipografía que han marcado la imagen de la marca a lo largo de los años.
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